jueves, marzo 26, 2009

Cuestión disputada: ¿podemos llegar al conocimiento de algo universal y necesario?

Según el método explicado en otras entradas (véase la "Quaestio disputate de dignitate fidei"), y que les pido que sigan en lo posible, propongo otra "Quaestio disputata", una clásica, sobre un tema central en la historia de la filosofía: ¿podemos alcanzar conocimientos universales y necesarios? Abro el fuego con un argumento en contra y otro a favor.
Parece que no podemos: pues, si lo alcanzáramos, no sería con nuestros sentidos, sino con nuestra inteligencia. Ahora bien, nuestro conocimiento intelectual depende de los sentidos y de la experiencia, que es siempre singular -de "aquí y ahora"- y contingente -todo lo que experimentamos, podría no haber sido o haber sido de otro modo. Por lo tanto, la inteligencia no puede ir más allá -hacia lo universal y necesario-, pues eso implicaría ir más allá de sus fundamentos, dar un salto ilegítimo y no justificado.
Parece que sí podemos. En efecto, de hecho poseemos esos conocimientos. Por ejemplo, sabemos que "todo efecto tiene una causa o conjunto de causas", y que "la causa o conjunto de causas deben ser proporcionadas al efecto". Sabemos también, desde Parménides, que el ser o la realidad ha existido desde siempre, pues si alguna vez nada hubiera existido, nada se habría originado. Y lo mismo podríamos decir de conocimientos matemáticos e incluso de principios morales, como "La calumnia siempre es injusta", etc.. Por lo tanto, los conocimientos universales y necesarios no sólo son posibles, sino que de hecho los poseemos.
Espero contra-argumentos u otros argumentos expresados sintéticamente, evitando en lo posible argumentos de autoridad y términos técnicos. ¡Ánimo!

lunes, septiembre 15, 2008

Cuestión disputada sobre la espiritualidad e inmortalidad del alma humana

Dijo un filósofo español del siglo XX, Miguel de Unamuno, que la pregunta sobre la inmortalidad del alma es la única verdaderamente importante en la filosofía. Pongo en duda que sea la única importante o la más importante, sin negar que es de gran relevancia. Pero es una pregunta que encierra dificultades notables. En efecto, por un lado, el interés personal que tenemos en ella es evidente, lo que puede dar pie a sospechar de la objetividad con que se aborde. Por otro lado, ya Platón, al plantearla filosóficamente por primera vez en el Fedón, aseveró que una respuesta satisfactoria exige "ocuparse a fondo y en conjunto de la causa de la generación y la corrupción" (95e), y con ocasión de ella desarrolló en esa misma obra toda una teoría sobre el ser humano, el pensamiento y la realidad en general. Por el mismo hecho de que se han ocupado de esta cuestión tantos y tan eminentes filósofos, corremos el riesgo de que nuestra reflexión sobre ella se vuelva sólo aparente e inauténtica si nos refugiamos en "citas de filósofos" y en términos técnicos y eruditos. A quienes se animen a participar de esta discusión, los aliento a buscar razones y argumentos en las obras de los grandes filósofos, pero siempre que las presenten acá de una manera que sea comprensible para quien no maneje esa "jerga filosófica", es decir, de manera que las bases de la argumentación sean captables por cualquier persona medianamente culta, desde su experiencia y su razón. También pido que, en lo posible, la argumentación sea rigurosamente silogística.
Para situar la discusión, primero, defino "alma" como "aquel principio radical del cual brotan nuestras operaciones vitales, especialmente el pensamiento, el querer y las decisiones".
Segundo, formulo las preguntas a debatir, muy relacionadas entre sí: ¿Tenemos motivos para creer que este principio es algo "no físico"? ¿tenemos motivos para creer que es algo "puramente físico"? ¿Tenemos motivos para afirmar que lo que he llamado "alma" puede seguir existiendo después de la muerte del cuerpo? ¿Tenemos motivos para afirmar que muere junto con el cuerpo? Lo que se pregunta, obviamente, es cuáles son esos motivos y cuál es su fundamento -o falta de fundamento-.
Para iniciar la "quaestio disputata" y dar una idea de la forma de argumentar que pido, propongo dos argumentos, uno a favor de la espiritualidad e inmortalidad y otro en contra de ella (sin pronunciarme sobre el valor que le reconozco a esos argumentos).
Parece que el alma es espiritual e inmortal: -Ninguna causa puede ser superior a aquello que produce, sino que debe ser proporcionada a sus efectos (de igual o mayor perfección que ellos). Ahora bien, hay pensamientos humanos que sobrepasan todo el orden de lo físico. En efecto, el ser humano es capaz de pensar lo infinito. Por lo tanto, el principio o causa del cual brotan esos pensamientos, que hemos llamado "alma", debe también sobrepasar todo el orden de lo físico. Es, por tanto, espiritual, y no dependiente de la materia. Por consiguiente -puesto que no depende de la materia- cuando muere el cuerpo, ese principio debe seguir existiendo.
Parece que el alma no es espiritual, sino física y mortal: -Según la definición de "alma" establecida para esta disputa, es "el principio de las operaciones vitales, especialmente el pensamiento y el querer". Ahora bien, la ciencia ha demostrado, especialmente desde la elaboración de los mapas cerebrales, que el principio fundamental del pensar y el querer es el cerebro, que es algo físico y mortal. Luego, lo que llamamos "alma" debemos identificarlo con el cerebro y, por tanto, el alma es física y mortal.
Además... (añada su argumento) ¡Ánimo!

¿Igualdad fundamental? ¿Derechos inviolables? Disputa desde una provocación Nietzsche-sartreana

Hay dos pensadores que se han empeñado especialmente en ser radicalmente ateos, es decir, intenter llegar hasta las últimas consecuencias de la (pretendida) no existencia de Dios. Son F. Nietzsche (s. XIX) y J. P. Sartre (s. XX). Éste afirma expresamente: "Mi filosofía consiste en sacar todas las consecuencias de la no existencia de Dios", para concluir que "la vida es una pasión inútil", en la que estamos "condenados a ser libres", sin que pueda encontrarse ningún fundamento o criterio objetivo acerca de cómo debemos comportarnos. Nietzsche, por su parte, en "El Anticristo. Maldición del cristianismo" (c. 43) sostiene que "el veneno" de la doctrina 'idénticos derechos para todos' ha sido sembrada por el cristianismo, pues sólo en cuanto "almas inmortales" somos todos iguales unos a otros. Además, el pensador alemán vincula la idea de respeto incondicionado por todos y cada uno de los seres humanos a la mencionada idea de "inmortalidad del alma" y de "salvación" en sentido cristiano: sólo en virtud de esto "cada individuo tiene derecho a reclamar una importancia eterna" (= dignidad absoluta, incondicionada). Según estos pensadores ateos, por tanto, la posibilidad de fundamentar objetivamente la idea de la existencia de derechos humanos fundamentales, que sean iguales para todos y absolutamente inviolables, depende de las idea de Dios y del hombre como ser especialmente vinculado Dios.
Ahora bien: si esto es así, los llamados "derechos humanos", tal como se conciben hoy -como idénticos y absolutamente inviolables- sólo pueden tener una fundamentación última de carácter teológico. ¿Es esto así verdaderamente? ¿Estamos dispuestos a asumir todas las consecuencias que esta afirmación tendría?
Se ruega participar sólo con argumentos sintéticos y formulados con claridad: ojalá en forma rigurosamente silogística. Debe expresarse con claridad el fundamento de lo que se dice, y también se aconseja intentar refutar o poner a prueba otros argumentos, incluso cuando uno está de acuerdo con su conclusión.
La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿cuál es el fundamento de los derechos humanos considerados como absolutamente inviolables? ¿Algo objetivo, una mera convención, algo racional, algo irracional?

Solución propuesta por el "Magister" a la "Quaestio disputata de dignitate fidei"

Para los que aún no lo saben, hay un documento preparado por el "Magister" en que se sintetizan y reducen a forma silogística los argumentos propuestos a la "Quaestio disputata de diginitate fidei", se propone una solución y se da respuesta a los argumentos. Pueden encontrarlo en el sitio "La lámpara de Diógenes"( http://www.freewebs.com/ayeuc ) , sección "Contribuciones y documentos".

martes, agosto 05, 2008

"Quaestio disputata de dignitate fidei" ¿Es la fe algo digno del ser humano o, por elcontrario, algo que lo rebaja?

Especialmente para mis alumnos de filosofía medieval, propongo este tema en forma de "cuestión disputada", al estilo de las primeras universidades de Occidente. La "Cuestión disputada" era un ejercicio académico en el que se proponía una cuestión en forma de disyuntiva y para la cual se exponían argumentos a favor de ambas alternativas. Luego, el maestro proponía su solución al problema y, finalmente, respondía a los diversos argumentos que se habían propuesto. En esta primera fase, les pido que den argumentos "a favor" ("Sí: la fe es algo digno del ser humano y no lo rebaja, porque...") y "en contra": ("No: la fe es algo indigno del ser humano, es algo que lo rebaja, porque..."). Se pide que, al igual que en esos tiempos remotos, los argumentos se presenten de la manera más sintética posible, pero procurando que sean verdaderos argumentos. También es deseable que se inserten posibles refutaciones de los argumentos expuestos por otros. (Imagen de la izquierda: Galileo Galilei (ss. XVI-XVII); imagen de la derecha: santo Tomás de Aquino (s. XIII)).

viernes, marzo 07, 2008

"Quaestio disputata de veritatibus fundamentalibus"

Presentación del tema: nuestro "dogma fundamental"
Toda época tiene su dogma fundamental, tan arraigado en las conciencias, que se transmite de unos a otros como algo evidente o, por lo menos, que no merece cuestionamiento. Es la verdad básica que domina el pensamiento, desde la cual, rutinariamente, se juzga todo lo demás, sin que a nadie parezca ocurrírsele que esa verdad básica puede ser examinada: es "lo que ya se sabe". La mayoría de las personas permanecen inermes y pasivas frente a ella: más que una verdad que esas personas poseen, es una verdad que las posee a ellas, las domina, configura su vida y sus decisiones sin que ellas se den cuenta. Creo que a esto se refiere el mejor "graffiti" que he encontrado jamás; me sorprendió en un baño de la Universidad de Notre Dame: "Do you have your ideas, or do your ideas have you?" ¿Cuál es el dogma fundamental de nuestro tiempo, aquel que nos posee y configura nuestras decisiones fundamentales? Creo que no me equivoco si digo que es éste: "No hay verdad. Al menos, no hay verdad fuera de lo que nos muestran los sentidos y puede ser estudiado por el "método científico" (y esto mismo se pone en duda hoy en día, pero por ahora sólo en ambientes académicos). Esas verdades -las que importan de verdad: las que responderían las clásicas preguntas fundamentales ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, es decir, sobre nuestro origen radical y nuestro destino último, lo que somos y lo que debemos hacer con nuestras vidas- no existen y, si existieran, no podrían ser conocidas por nosotros. Primer mandamiento: todo aquel que asuma una respuesta a esas cuestiones -Dios o azar, Jesucristo, Buda o el Tarot, familia monogámica o amor libre, inmortalidad o aniquilación, reencarnación o resurrección, "pro life" o "pro choice"- confiese de inmediato que no se trata más que de una opción estrictamente subjetiva. Segundo mandamiento: jamás decir 'esta es la verdad', sino, a lo sumo, 'esta es mi verdad', para no ofender la sensibilidad de los que no piensan como tú. Tercer mandamiento: todo el que crea haber alcanzado 'la' verdad sobre alguna de estas cuestiones y se sienta con derecho a intentar que los demás también la acepten, debe ser considerado de inmediato como un peligro para nuestra pacífica convivencia democrática". ¿Te suena conocido este discurso, amigo lector? No te pido que abandones la comodidad de nuestro dogma fundamental. Después de todo, nos ha liberado de la pesada carga que la humanidad se había autoimpuesto desde tiempos inmemoriales: buscar la verdad; pues, si todas las "verdades" valen lo mismo y ya tengo la mía -la que otros me han dado, la que más "me tinca"-, ¿para qué molestarse? Sólo te pido que te enfrentes a ese dogma -porque, hoy en día, lo es- para aceptarlo o para rechazarlo; para que, tal vez, conociendo sus fundamentos, seas tú el que lo posea y no él el que te posea a ti. Para que hagas honor a aquella otra verdad socrática olvidada que tal vez, como yo, también puedes intuir: "Una vida sin examen no merece ser vivida".
La "Quaestio disputata":
Como he dicho en otra entrada, la "Cuestión disputada" era un ejercicio académico desarrollado desde el origen de las universidades en el s. XIII. A una pregunta o problema planteado en forma de disyuntiva, se ofrecían argumentos a favor de cada una de las alternativas. Luego, el maestro debía poner los fundamentos, exponer su respuesta y, finalmente, resolver los argumentos que consideraba falsos o defectuosos. Esta "quaestio disputata virtualis" versa sobre la capacidad humana de conocer. La pregunta es: ¿Puede el ser humano alcanzar respuestas válidas acerca de las cuestiones fundamentales de la existencia?
En esta primera fase, pido que se ofrezcan argumentos "a favor" y "en contra" de esa posibilidad. Los argumentos deben presentarse de manera clara y sintética, y también es deseable que, desde ya, se expongan posibles refutaciones de los argumentos formulados por otros (o por uno mismo). Teniendo en cuenta estos argumentos, en un tiempo más, procedermos a las siguientes fases de este ejercicio. Por ahora, cedo la palabra. (Imagen: René Descartes, s. XVII)